SALUDO DEL PRESIDENTE

Manuel Chaves González, Presidente de la Junta de Andalucía

Capacidad y poder

Fotografía de Manuel Chaves La conmemoración del 28-f supera con mucho este año el recuerdo de un hito histórico, la simple mirada atrás hacia uno de los grandes momentos de nuestro pasado, para ofrecer una clara proyección hacia el futuro. Andalucía estrena Estatuto y este hecho, forzosamente, otorga un nuevo significado a la fecha que marcó el inicio del periodo de progreso económico, social y cultural más fructífero de su historia reciente. Después de casi tres décadas de trayectoria, el orgullo de recuperar nuestra dignidad ha dado paso ya, claramente, a la ambición de ganar el futuro.

El nuevo Estatuto nace para un proyecto muy distinto al que inspiró el texto de 1981. Si entonces se sentaron los cimientos de la modernización, ahora se trata de afrontar los retos a los que ese mismo impulso transformador ha conducido, y que no son otros que los que se dan en cualquier sociedad avanzada de nuestro entorno: la globalización económica, el mantenimiento de las conquistas sociales, la nueva sociedad del conocimiento y la información, la igualdad real entre hombres y mujeres...

A lo largo de las últimas décadas, durante la primera fase del autogobierno, los poderes públicos han realizado un extraordinario esfuerzo para eliminar los obstáculos que, sobre todo en infraestructuras y en cohesión social, impedían el desarrollo de la comunidad. A este esfuerzo ha respondido con creces la sociedad andaluza: su vitalidad, su confianza y su espíritu emprendedor se han manifestado especialmente en el terreno económico, como lo prueba el hecho de que llevemos ya trece años ininterrumpidos creando empleo y riqueza en mucha mayor medida que en el conjunto de España y en la Unión Europea.

Recuperada la confianza, ha llegado ya el momento de aprovechar a fondo todas las posibilidades de este valioso capital que ningún indicador económico puede medir pero que todos los andaluces sabemos que existe. En este empeño, la renovación de nuestro principal instrumento de autogobierno supone un hito y no sólo simbólico, sino muy real, porque el nuevo Estatuto incorpora más competencias; más autonomía para manejar nuestros recursos financieros; más presencia andaluza en España y Europa; más instrumentos para garantizar el acceso a la sociedad del conocimiento; más poder de decisión para las entidades locales; más medidas para hacer posible la igualdad entre hombres y mujeres y, sobre todo, más derechos sociales.

Andalucía, que durante estos años ha logrado situarse como un claro referente en la defensa y ampliación de las conquistas del Estado del Bienestar, también se destaca ahora en vanguardia al incorporar en el nuevo Estatuto la más ambiciosa Carta de Derechos Sociales que actualmente ofrecen en España los poderes públicos. Este capítulo, que supone la aportación más relevante del texto en relación con el resto de las reformas estatutarias en curso, recoge una larga lista de prestaciones que ya son realidad en la comunidad autónoma (educación pública laica y de calidad, gratuidad de libros de texto, libre elección de médico y centro sanitario, garantía de tiempo máximo de espera, testamento vital, renta básica, protección integral de las diversas modalidades de familia...) pero lo hace, y aquí reside la novedad, otorgándoles el máximo rango legal y garantizando su cumplimiento independientemente de quien gobierne, ya que la ciudadanía así podrá exigirlo ante los tribunales.

El blindaje normativo de estos derechos es posible gracias a las políticas educativas, sociales, sanitarias y de apoyo a la innovación desplegadas en las dos últimas décadas de autogobierno. Andalucía ha desarrollado un modelo propio de desarrollo y no sólo en materia social. También en el terreno económico, en políticas medioambientales, en infraestructuras. El mayor poder decisión que ahora otorga el nuevo Estatuto es una consecuencia lógica de la capacidad lograda en todos estos ámbitos. En este sentido, Andalucía alcanza así prácticamente el techo competencial que marca la Constitución no porque pretenda ser más que ninguna otra comunidad sino, sencillamente, porque ahora puede gestionar con garantías de éxito parcelas de poder que hace 27 años eran inabordables.

No otra es la esencia del poder sino la capacidad de hacer y transformar. Y no otra es la realidad –nuestra transformación, nuestra modernización– la que, proyectada hacia el futuro como una ambición, se refleja en el Estatuto de Autonomía. No estará de más recordar, un año más y con estos nuevos e importantes matices, que el 28 de febrero de 1980 fue la fecha que marcó el inicio de este poder ganado a pulso: un poder que a partir del nuevo texto estatutario Andalucía podrá ejercer con renovada plenitud a lo largo de las próximas décadas.